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Ataque a la Traducción

Muchas veces los foros dan para mucho más que simplemente colgar o comentar cosas sobre un tema o profesión en concreto. En algunas ocasiones da para reflexionar en profundidad sobre la profesión que realizamos, y plantearnos el por qué de nuestra apuesta por ejercerla. Y lo mejor de todo, saber que estamos llevando a cabo una profesión a la que no se le da la importancia que tiene.

La traducción es una profesión que empezó ya en la edad media, si no antes, con la traducción de textos antiquísimos sobre astrología, ciencia, artes o medicina entre otros muchos campos de especialización. La interpretación empezó o se dio a conocer después de la Segunda Guerra Mundial, cuando en los llamados Juicios o Procesos de Nuremberg se enjuiciaron a algunos de los colaboradores con el régimen socialdemócrata; y se necesitaron intérpretes para que los hablantes de diferentes idiomas pudiesen seguir el juicio.

En la actualidad, tanto la traducción como la interpretación están presentes en nuestras vidas diarias. Muchos profesionales se encargan de que anuncios, páginas web o textos específicos puedan ser traducidos para que los clientes finales que los lean puedan entenderlos. Sin embargo, la tarea del traductor no es encontrar, organizar y cambiar palabras para este propósito; sino darle al texto meta el mismo sentido, estructura y propósito que tiene el original. ¡No es poca cosa, no!

Sin embargo, en esta profesión hay un punto de inflexión. ¿Quién es o puede ser traductor?, ¿Cualquier persona que sepa idiomas puede traducir?, ¿Qué nivel de idiomas se debe tener? Pensemos.

 Es vox populi que en el mundo de la traducción hay algunas personas que traducen sin ser traductores ni saber traducir. Por gracia o por desgracia estas personas se equiparan a traductores profesionales y formados, y desempeñan las mismas funciones que un profesional del sector; y muchos de ellos realizan encargos profesionales de manera más que dudosa. Dicen tener este o aquel nivel de idiomas, haber vivido en tal o cual sitio… y haber realizado encargos para tal o cual persona.

Nada de todo esto es suficiente para poder realizar una traducción. Para ser traductor lo primero que hay que ser es amante de los idiomas, las culturas y respetarlas. Además, hay que ser consciente de que un traductor no traduce textos… sino intenciones, mensajes, corrige errores que otros han cometido al redactar. El intrusismo laboral que sufre el sector es el culpable de aquellos comentarios que todos conocemos, pero todos sabemos qué pasa pero muchos simplemente callan y otorgan. Algunos reputados traductores, no lo son de formación… ¿pero aman la traducción? ¡Muchos planteamientos!

A todo esto, nadie ha planteado en el mundo de la traducción el hecho de que para poder ejercer los traductores se colegien. En nuestro mundo no hay estándares, no hay códigos éticos ni ganas de ponerlos en marcha en beneficio de gente que nos perjudica… pero todo el mundo puede ser traductor.

Hay cosas que son incomprensibles, y el permiso para la intrusión es una de ellas. No hay que olvidar la importancia de esta profesión, pues al igual que un virus informático estropea un ordenador, el intrusismo puede hacer lo mismo con esta bonita profesión.

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